"El Corazón es un santuario en cuyo centro se encuentra el Ojo"

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martes, 9 de diciembre de 2014

EL LENGUAJE DE SALOMÓN

Los mitos de todas las culturas hablan de un tiempo original o Edad de Oro, donde todas las especies carecían de forma y se entendían entre sí. Más tarde, cada criatura se materializó en el mundo visible. El hombre y los demás Animales están relacionados, por tanto, no sólo desde el punto de vista biológico, sino también desde el metafísico. El etólogo Konrad Lorenz tomó como título de su primer libro de divulgación en los años cincuenta “el anillo del Rey Salomón”, en relación al mito del mágico anillo gracias al cual Salomón entendía el lenguaje de todos los Animales.

Aquí destaco varios niveles de comunicación con los demás Animales y criaturas de la creación, que se corresponden con el desarrollo de la conciencia espiritual.

Escuchar y entender
Lo primero es estar dispuesto a comunicarse. De las barreras para que en origen nos entendamos con los demás, germinan el resto de trabas. La más grave es que el observador esté fuera de su centro y cuanto más alejado de éste, más distorsionada será la comunicación con ese sujeto, puesto que ni él mismo sabe lo que quiere. La siguiente la creamos en nuestra mente y es muy dañina, consiste en juzgar. Juzgar es lo contrario de amar, lo contrario de amar no es odiar, sino que odiar es la consecuencia más frecuente del hecho de juzgar; amar es permitir. Juzgamos a diario, sobre todo entre personas, incluso hacia aquellos con los que nos une el afecto. No me refiero solo a si nos gusta o no el aspecto exterior de alguien, nos atrevemos a determinar lo que piensan o sienten y eso es un error: las vivencias personales de cada uno son íntimas e intransferibles; como decían los indios nativos de América: no somos quienes para señalar lo que conviene a otro, puesto que no hemos andado un largo trecho dentro de sus mocasines. El otro obstáculo es dividir, es decir, separar, diseccionar, dejar de contemplar el conjunto que somos, sacarnos de contexto, y establecer la frontera entre tú y yo.

Viene alguien y pensamos “ya se lo que me va a decir”. No es verdad, solo te dices a ti mismo que no estás dispuesto a escuchar. Con los Animales es igual. Si ya doy por hecho que un perro de determinada raza es muy hiperactivo y me va a prestar poca atención, estoy poniendo una barrera insalvable que puede convertir en un problema a todo el proceso de relación con él. Si por el contrario, me abro por completo a aquello que me ofrece: su simpatía, sus ganas de jugar, etc. y participo de ello con naturalidad, lo que hago es aprender sobre sus necesidades y preferencias individuales y sobre cómo me relaciono yo con criaturas que, en contra de lo que nos han hecho pensar, NO son inferiores. Y además facilito la creación de algo indestructible: el vínculo que nace y crece del amor entre dos seres. Lo que educadores y etólogos etiquetan como “problemas de comportamiento”, desde mi humilde punto de vista, que está muy cercano a los Animales, son desencuentros en la convivencia por falta de entendimiento. Y todo parte de la base de la falta de escucha. Conozcamos a los Animales, no solo como especie y sobre sus cuidados básicos, es hora de ir más allá y darnos cuenta de que cada individuo es único y tiene una manera enriquecedora de experimentar el mundo que le rodea. No les neguemos el derecho y el deber de vivir la vida, de sentir, gozar y amar, de expresarse en su pureza y brillar con el esplendor que les otorga su esencia, empezando por nosotros mismos, seres en proceso de convertirnos en criaturas verdaderamente humanas.

Hablar sin palabras
La sabiduría de los aborígenes de los cinco continentes, las primeras naciones de América y los celtas europeos, consideran que todas las formas de vida estamos relacionadas y tenemos un alma, incluyendo los Animales y las plantas. La comunicación entre almas es un proceso natural, bloqueado en el caso de la especie humana por la contaminación recibida durante toda la historia de la humanidad, a nivel colectivo, y durante el crecimiento como personas, a nivel individual. Cuando una mujer acaba de ser madre y se deja influenciar por todo lo que la dicen en su casa, sus amigas, lo que leen sobre los Bebés, aquello que la cuentan los profesionales sanitarios, etc., pero al mismo tiempo perdiendo su propio criterio y paralizando su instinto maternal, deja de comunicarse con su hijo y éste deberá llorar muy fuerte y a todas horas para hacerse notar, creándose un peligroso círculo de ansiedad. Los Bebés no hablan, no lo necesitan, se comunican a través del tacto, de la mirada, de la sonrisa, conocen a su madre porque ya han estado nueve meses dentro de ella y saben cómo es su alegría, su miedo, su dolor, su pena, su frustración… La intuición de la madre y el amor que existe entre ellos son infinitamente más poderosos que las palabras a la hora de comunicarse. Volvemos al vínculo, que es una relación entre iguales, donde mi vida tiene el mismo valor que la tuya porque pertenecemos al mismo universo. Con los Animales es igual de sencillo, precisamente sencillo, lo complicamos nosotros.

La comunicación entre especies basada en la telepatía y el Animal Communicator no son dones exclusivos de algunas personas. Lo que ocurre es que algunas personas han sabido recordar y recuperar algo con lo que nacemos y que se nos ha olvidado, por muchos motivos: por dejar de practicarlo, por ponernos barreras, por creernos falsas afirmaciones defendidas desde diversas disciplinas por personas en el fondo ignorantes, aun escudadas en la ciencia o en la moral. Los Niños se comunican con los Animales porque entienden que son sus amigos. Cuando decimos que hay que acostumbrar al Niño a que se relacione con el Animal y no le trate como a un juguete, solo estamos enmendando un daño ocasionado por los adultos cuando al Niño se le ha dado un Animal “para que se entretenga” como un objeto al uso y no como un ser vivo dotado de emociones y de inteligencia. Tal como lo veo tras haber trabajado durante años con Niños, entendamos de una vez que conviene permitir a los Niños ser Niños, a los Perros ser Perros, a los Gatos ser Gatos, a los Roedores ser Roedores, a las Aves ser Aves, etc. Por desgracia hay demasiada gente que desde su necedad, piden a estas criaturas aquello que no están capacitadas para darnos. Se les exige que se porten bien según unos cánones contra natura. Y de ahí surge el conflicto y el sufrimiento. Y por muy delante que lo tengamos, hay quienes no son capaces de distinguirlo. Me consultan sobre Terapia Floral en Animales personas que aman profundamente a sus compañeros, y la mayoría de ocasiones hay un malestar dentro del hogar que afecta a toda la familia y que nadie se ha atrevido a reconocer y a manifestar en voz alta, hasta que el Animal, sensible a todo ello, enferma. Seamos valientes y consecuentes. Es hora ya de tener oídos para escuchar y ojos para mirar más allá de lo que se ve, empezando por abrir el Ojo del Corazón.

Dentro de uno mismo
Y por último, la comunicación a nivel simbólico, saber interpretar los mensajes de los Animales. Figuras como San Francisco de Asís, sabio protector de los Animales y del medio natural, se decía que eran capaces de entender el lenguaje de los pájaros. Ese lenguaje de los iniciados, esa conexión con la creación, que solo unos pocos comprenden, se debe a que son aquellos que han atravesado la noche oscura del alma y completado su proceso de crecimiento espiritual: purificación, iluminación y unión. Entonces la sintonía es perfecta, la frecuencia está en la misma onda, la vida fluye sin causar la mínima perturbación.

El símbolo es la nota de inicio de esa melodía armónica, es aquello que nos recuerda quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos y cuál es nuestro camino. “Solo a través del símbolo puede el alma salir de su estado de tribulación indefinida para volver a su Esencia inmutable y bienaventurada.” - Frithjof Schuon.Meditad sobre los símbolos que os he dado. Son llaves, aún estando ocultas a los ojos de los hombres. - Tabla Esmeralda de Thoth. “El mundo es un sistema de cosas invisibles visiblemente manifestadas. - San Pablo. Ese lenguaje simbólico que nos transmiten el Reino Vegetal y el Reino Animal, que cuento en mis artículos, existe para que despertemos a él y a nosotros mismos, porque esta contenido en nuestro corazón. No solo en el inconsciente colectivo, que por ejemplo, por ello vemos Animales en las formas de las nubes en primer lugar. Es mucho más, es la vía para permitirnos expresarnos conforme a la naturaleza de nuestra alma, es su diccionario básico y durante miles de años ha sido silenciado, menospreciado, vejado y alejado de nosotros.

Que un Cervatillo me recuerde el poder de la compasión, es amor. Que un Águila me recuerde que no estoy sola, es amor. Que un Lobo me recuerde que la verdad surge del corazón, es amor. Que un Conejo me recuerde que la humildad une a los seres vivientes, es amor. Y así con todos los Animales. Es un presente de incalculable valor para superar los avatares de la vorágine cotidiana, para trascender este sueño, para estar en paz. El lenguaje de Salomón está a tu alcance, tienes acceso a él, pero para ello has de conocerte a ti mismo, dejando de negar que tienes alma y haciéndote amigo de tu ego. Del mismo modo que se obtiene la sabiduría, con paciencia y tesón, con atención a cada detalle, desde el alba al ocaso, se logra este entendimiento. La intuición es la guía, el destino es tu centro. No hay normas ni condiciones, al contrario, sino una necesidad imperiosa de vaciarse de las imposiciones para descubrir que, en efecto, la luz prevalece sobre la oscuridad.

Autora: Mª Pilar Zamarra San Joaquín
Artículo publicado en la revista Pelo Pico Pata, número 93, julio 2013, Ediciones Grupo V